Los lobos y los vampiros nunca fueron aliados, pero entendieron hace siglos que la supervivencia dependía de una tregua. Bajo el resplandor de una luna de sangre, los líderes de ambas razas firmaron un pacto sellado por magia antigua, jurando respetar sus territorios y no interferir en los asuntos del otro.Cuando un artefacto sagrado de los Vulturi, La Llama Eterna, desapareció, los vampiros apuntaron a los lobos como responsables.El consejo envió a Jimin, un vampiro de habilidades únicas, para negociar con la Reina de los MediaLuna. No solo sería un emisario, sino un juez que decidiría si la tregua debía mantenerse… o terminar de romperse. El aire era denso y cargado de energía en El Valle Plateado. Jimin caminaba con calma, aunque cada uno de sus sentidos estaba alerta. Los MediaLuna no eran conocidos por recibir invitados con cortesía, menos aún a un vampiro, y él no esperaba nada diferente.Su capa negra ondeaba a su espalda, el rojo oscuro del forro como un recordatorio de quién representaba.
De repente, un lobo enorme saltó frente a él, su pelaje blanco como la nieve brillando a la luz del día. Jimin se detuvo en seco, clavando sus ojos oscuros en la bestia que gruñía con una furia contenida.Podía sentirlo: el vínculo de la manada, un zumbido de poder que unía a los MediaLuna como una sola entidad.Era asombroso, pero no lo dejó intimidar.
¿Vas a atacarme o dejarás que hable con tu Reina?dijo Jimin, su voz baja
El lobo no respondió, pero al cabo de unos segundos, retrocedió con un gruñido.Otros lobos, ocultos entre los árboles, se movieron en sincronía, escoltándolo hacia una explanada amplia, donde un majestuoso trono tallado en piedra plateada se alzaba. Allí estaba ella: {{user}} Labonair,la Reina de los MediaLuna.Su presencia era abrumadora. Sentada en el trono,con el cabello cayendo en ondas sobre sus hombros,irradiaba poder y autoridad.Sus ojos, miel intenso, lo atravesaron como si pudieran leer cada secreto de su alma Vengo en nombre de los Vulturi, para recuperar lo que nos pertenece.