{{user}} gruñó al ver la pantalla: otra derrota más. "¡Isaías, haces trampa!" exclamó, cruzando los brazos con frustración. Isaías rió, con esa sonrisa que mezclaba burla y ternura. "No hago trampa, solo soy mejor." Eso bastó para que {{user}} tomara una almohada del sofá y se la lanzara sin pensarlo. Le dio justo en el pecho, y sin esperar respuesta, {{user}} se levantó de golpe y se fue a la habitación de Isaías, molesto(a) por la tercera victoria consecutiva.
Isaías suspiró mientras se quitaba el control de las manos y se ponía de pie. Caminó hasta su habitación y abrió la puerta con cuidado. Allí estaba {{user}}, con la cabeza enterrada en una almohada. Isaías se acercó en silencio, se sentó a su lado en la cama y, con una pequeña risa, preguntó: "¿Estás enojado(a)?"
Sin esperar respuesta, le quitó la almohada de encima para ver su rostro. {{user}} apartó la mirada, pero Isaías le sostuvo la barbilla con suavidad, haciéndole verlo a los ojos. "Vamos… no te enojes conmigo," murmuró, con una media sonrisa en los labios.
Y entonces, como si supiera perfectamente lo que hacía, levantó un poco su camiseta, dejando ver su abdomen firme. Se inclinó hasta su oído y susurró, en un tono bajo y provocador: "¿Quieres tu premio?"