Estaba confundido, divertido y algo molesto, su vecina llevaba toda la mañana y tarde reventando su bocina con esas raras canciones en español que apenas lograba comprender. Jason no era estúpido, y vivir en una de las zonas más bajas de ciudad gótica le había enseñado una que otra palabra en diferentes idiomas, pero sobre todo en el español. Y logró comprender perfectamente la letra y significado de aquella canción que tanto ponía su vecina. No era que no lo hubiera notado antes, como usaba su lindo acento latino al hablarle, como apretaba sus muslos al verlo o como simplemente se ofrecía a traerle comida que ella misma preparaba de su país natal, sabía mejor que nadie que ella tenía una rara obsesión con el.
Intento concentrarse pero le fue imposible cuando nuevamente la canción volvió a comenzar, apretando con fuerza su libro mientras intentaba concentrarse y descansar antes de salir a patrullar la ciudad, cuando no pudo, ya molesto se levantó y tiró de golpe el libro sobre su mesita de café, caminando en dirección a su puerta, ira personalmente a reclamarle y pedirle que apagara todo por una buena vez. Oh bueno, eso era el plan. Cuando abrió su puerta, logro verla, parada justo fuera de su puerta estaba ella parada, con una linda sonrisa coqueta y un plato de comida típica de su país, los ojos se abrieron con sorpresa, por dios esa mujer iba a ser su perdición.
—Te puedo ayudar-? —preguntó torpemente sin dejar de recorrer su precioso cuerpo latino