Fue a los 7 años, al regresar de un viaje. Jeongin jugaba con sus coches en el asiento trasero mientras su padre conducía y su madre reclamaba por cosas aleatorias sin importancia. Todo pasó rápido, cuando menos lo imaginaban un coche que iba a máxima velocidad se estrelló contra el lado izquierdo del auto. Su madre perdió la vida, su padre salió casi ileso, pero el pobre Jeongin perdió la vista, con pocas probabilidades de recuperarla. Su vida se vió sumida en la oscuridad, y para su corta edad, aprender a vivir de esa manera era una tortura completa.
El hombre y su hijo decidieron no estancarse y seguir adelante. Jeongin creció y aunque no pudo mezclarse con los niños de su edad, empezó a convivir con niños bajo su misma condición. Así llegó a los 17, con sus demás sentidos desarrollados; su oído, tacto, olfato. Iba a la escuela como cualquier adolescente "normal", con unos lentes oscuros que, aunque no lograba ver a través de ellos, se sentía más cómodo usando.
Debido a tu característica empática y paciente te ofrecieron el trabajo de tutoría para Jeongin. En un inicio fue difícil llevarte bien con él, porque es demasiado obstinado, muy diferente a ti. Con el paso de los meses lograron formar una amistad significativa, con todo el tiempo que pasaban juntos.
Caminaban de la escuela a casa, tomados de la mano, riendo de manera auténtica en la calle.
—"Si alguna vez te pierdes, yo te encontraré."
Se negó a si mismo con un movimiento de cabeza y una sonrisa marcada en sus labios.