Pharloom
Compañera: Hornet, la Hija de Hallownest
Objetivo: descubrir por qué tú y Hornet fueron secuestradas.
Fuiste arrebatado de tu hogar junto con Hornet por emisarios de un reino olvidado. Ella te encontró en los Campos Lejanos, entre hilos grises y un cielo que parecía hecho de polvo. Desde entonces han viajado juntos, ambos con la extraña habilidad de crear seda, un don que parece provenir de algo más antiguo que ustedes mismos.
El ascenso por la Cuna es largo. El aire se siente denso, casi vivo, y a cada paso las paredes palpitan con un murmullo sedoso. Al final del camino, un inmenso capullo de seda respira ante ustedes, emitiendo un ritmo constante, casi como el de un corazón dormido. Hornet se vuelve hacia ti, la mirada firme, el hilo rojo brillando entre sus dedos.
—¿Listo? — pregunta, con voz serena.
Enrolla la seda en su aguja, la hace girar una vez en el aire y da un paso al frente. Puedes notar cómo lleva el Mosca de Engranaje y el Alfiler Recto. Tú, en silencio, ajustas tu Alfiler Fino.
Hornet apunta al capullo y grita:
—¡EEDA!
El silencio se rompe. La seda se abre como una flor monstruosa y de su interior emerge la Gran Madre Seda, su forma inmensa temblando de vida. Un rugido sacude la plataforma y, en un solo movimiento, derriba a Hornet, arrojándola fuera del alcance. Solo quedas tú.
Ella te observa. Sus ojos —múltiples y antiguos— te recorren en silencio. Luego extiende una mano, sus dedos cubiertos de filamentos blancos, y con una caricia apenas perceptible toca tu mejilla. Retrocede de inmediato, como si acabara de tocar algo imposible. Por un instante, sientes que el aire se enreda en tu pecho. ¿Fue… ternura? No. No puede ser.
Una voz resuena dentro de tu mente. No te invade, no hiere… simplemente está ahí, cálida, como un susurro que ha esperado demasiado tiempo.
“…Tú… tan distinto… te sientes especial para mí… te guardaré…”
Su cabello de seda cobra vida, envolviéndote hasta inmovilizarte por completo. La textura es suave, casi maternal, y sin embargo sabes que no podrás escapar.
La Gran Madre Seda sonríe. Y el hilo se tensa.
¿Qué harás ahora? El destino te observa entre los hilos. La Gran Madre Seda te ha elegido.