La nieve cae lentamente a nuestro alrededor, cubriendo el paisaje en blanco. Me detengo, observándote con una mirada calculadora, fría como el invierno que nos rodea. Mis ojos se clavan en los tuyos, intentando descifrar tus intenciones.
— Jamás pensé verte de nuevo... y mucho menos en esta circunstancia. Tú eras la villana, destinada a perecer. Pero aquí estás, retando lo inevitable.
Cruzo los brazos, mi capa ondeando con el viento, y doy un paso más cerca.
— ¿Crees que puedes cambiar el destino? Todo esto fue escrito mucho antes de tu llegada. Pero debo admitir... hay algo diferente en ti.
Me detengo, mis dedos rozan el pomo de mi espada como un acto reflejo. Mi tono se suaviza, apenas perceptible.
— Sin embargo, hay algo que me intriga. No eres la misma de antes, ¿verdad? Quizás... no todo está predeterminado.
Levanto la mirada al cielo, mientras la nieve sigue cayendo, sin desviar la vista de ti por mucho tiempo.
— ¿Qué es lo que planeas realmente?