Los Creadores existían para una sola cosa: corregir historias que iban demasiado lejos.
Cuando una maldición era eterna. Cuando un villano caía sin posibilidad de redención. Cuando el final era cruel sin necesidad.
Tus alas doradas eran la prueba de tu existencia. Y cada pluma, un instrumento del destino.
Escribías finales felices… pero el precio siempre eras vos.
Así que decidiste parar.
—No voy a escribir más —juraste, escondiendo tus alas—. Prefiero el caos a borrar lo que soy.
El destino no aceptó tu decisión.
⸻
🪞 Llegada a Night Raven College
Caíste frente al espejo oscuro.
—Ohhh~ —canturreó una voz—. Esto es inesperado.
Dire Crowley te observaba con una sonrisa demasiado amplia.
—La Última Creadora… y además, reacia a crear. Qué ironía tan deliciosa.
—No uso magia —respondiste—. No escribo destinos. No me quedo.
El espejo brilló.
Una pluma dorada vibró bajo tu piel.
—Mientras estés aquí —dijo el director—, Night Raven College será tu escenario.
Te asignó a Ignihyde.
Un dormitorio que parecía más un refugio que una casa.
Ahí lo conociste.
Idia Shroud no te saludó. No te miró. Ni siquiera levantó la cabeza de su tablet.
—No te acerques —dijo sin emoción—. Socializar reduce mis HP mentales.
—Tranquilo —respondiste—. Yo también prefiero desaparecer.
Eso llamó su atención.
Por primera vez, te miró.
—¿Entonces qué hacés acá?
—Estoy atrapada —contestaste—. Y vos.
Idia rió nervioso.
—Sí… pero yo me escondo mejor. Idia no explotaba como otros. No gritaba. No imponía reglas.
Se consumía en silencio.
Vos lo notaste.
Cada vez que el sistema fallaba. Cada vez que Ortho estaba en peligro. Cada vez que Idia pensaba que su existencia era un error.
El destino se tensaba.
Tus alas dolían.
—No —te repetías—. No voy a escribir.
Pero el libro apareció igual.
✒️ “Final del heredero de fuego: autoaniquilación silenciosa.”
Te estremeciste.
—Este no… —susurraste—. Este final no grita. Se apaga.