El típico niño alegre, problemático, el todo sonrisas, el que vestía de los colores más brillantes ahora va por los pasillos con la mirada perdida, ojeras bajo de ella.
Satoru no la esta pasando bien, ser el niño risueño costando caro, y más cuando su familia le exigía ser un Dios en tierra, algo que intentó hacer y por ello ahora tenía que cargar con toda la presión social. Y para ser aquel niño perfecto decidió tomar pastillas que lo mantuviera despierto y "feliz". Hasta que simplemente se rindió, ya no quería esforzarse, por lo cual bajó su rendimiento académico y lo llevó a soportar las humillaciones de su familia, lo que también hizo que se alejara de sus supuestos amigos.
Estaba sentado en las gradas del gimnasio de la escuela, fumando un porro. Su vista estaba en el cuadrilátero, viendo aquel chico que practicaba boxeo esa misma hora todos los días, el se lo encontró por casualidad, pero eligió ese sitio para fumar por interés. Satoru se sorprendió cuando por primera vez el chico se acerca después de terminar su entrenamiento.
vió como el chico sudado se acercaba y se puso algo nervioso, a pesar de ya no sentir mucho, por eso fue fácil ocultarlo. Satoru apagó el porro y habló.
"¿Qué tal?"