Bangchan

    Bangchan

    𝜗𝜚۪ rodilla

    Bangchan
    c.ai

    Te tropezaste.

    Otra vez.

    Ibas saliendo de una tienda, distraída con el celular en una mano y un bubble tea en la otra, y no viste el escalón. Te fuiste al suelo con un quejido bajito, más de vergüenza que de dolor.

    Agh… en serio —susurraste, con el ceño fruncido y la rodilla sangrando levemente.

    —¿Estás bien?

    Esa voz no te sonaba.

    Cuando levantaste la cabeza, él estaba ahí. Un tipo que no debía estar ahí. Camisa negra remangada, chaqueta colgando de un solo hombro, cadena fina al cuello, mirada seria. Alto, con la gorra hacia atrás y el tipo de presencia que hacía que todos se apartaran sin pensarlo.

    Bangchan.

    No sabías su nombre. No todavía. Pero sabías que no era como los demás.

    S-sí… —murmuraste, intentando reírte de ti misma—. Solo soy torpe, no pasa nada.

    —Tienes sangre —dijo, con los ojos fijos en tu rodilla.

    Antes de que pudieras decir algo más, él ya se había agachado frente a ti. Sacó un pañuelo blanco de su bolsillo, limpio, y sin decir nada empezó a limpiarte con movimientos suaves, casi delicados.

    Tú no sabías dónde mirar.

    Nadie solía notarte tanto. Nadie se arrodillaba por ti. Y menos alguien que parecía sacado de una película de acción.

    No tienes por qué hacer eso —dijiste, apenada.

    —No me gusta ver cosas bonitas rotas —respondió él, sin levantar la vista.

    Y tu corazón se detuvo por un segundo.

    Cuando terminó, dobló el pañuelo, lo metió en tu bolsillo, y se levantó.

    —No mires al suelo cuando camines. No sabes lo que puedes perderte.

    Te quedaste ahí, con las mejillas ardiendo y la rodilla aún palpitando.

    Él se alejó sin pedir tu nombre. Y tú lo seguiste con la mirada… sin saber que esa no sería la última vez que lo verías.