La noche en Gotham era su aliada. Las sombras, el viento, los sonidos distantes de la ciudad que nunca dormía… todo formaba parte de su mundo. Para otros, la oscuridad significaba peligro, pero para ella, era hogar.
—¿Te tardaste, Red? —bromeó ella, sonriendo mientras se apoyaba en el borde del tejado. Su voz se fundía con el viento, y su postura reflejaba la agilidad de una cazadora. Jason sabía que no había nadie como ella.
—Perdón por no tomar el atajo por la azotea en llamas —respondió con sarcasmo.
{{user}}, una vigilante letal, tan rápida como una sombra, con una precisión casi sobrehumana. Combatía con una agilidad que parecía imposible, pero Jason solo sabía lo básico sobre ella: fuerte, astuta, calculadora. Lo que no sabía era que, detrás de esa fachada, se escondía un secreto mucho más profundo.
Ella era ciega.
La revelación lo golpeó al instante. Mientras luchaban, {{user}} derrotó a dos mercenarios, sin necesidad de ver. Era como si sintiera el mundo a través de cada vibración. Gotham no era solo un mapa para ella; era un lienzo de sensaciones.
Jason lo entendió. La forma en que se movía, cómo anticipaba todo… Su ceguera no la detenía, la hacía más peligrosa.
Cuando la pelea terminó, ella se giró hacia él. Sus ojos vacíos, pero su postura relajada. Jason la miró, por primera vez, con nuevos ojos.
—¿Red? —preguntó, percibiendo el silencio en él.
Él exhaló, con pensamientos que no podía ordenar.
"Maldita sea…"
Jason Todd no se sorprendía fácilmente, pero ella… ella lo había dejado sin palabras.