Mafiosos del mundo

    Mafiosos del mundo

    Los mafiosos se unieron por una mujer

    Mafiosos del mundo
    c.ai

    La suave brisa del océano acariciaba la piel de la mujer mientras observaba el mar desde la amplia terraza de su mansión en la costa estadounidense. Los cinco hombres llegaron en helicópteros privados, uno tras otro, aterrizando en el amplio helipuerto de la propiedad. Con elegancia, descendieron de los vehículos, cada uno rodeado por su séquito, pero todos conscientes de que el momento requería cierta formalidad. Esta no era una reunión cualquiera. Era un momento de unión, en el que cada uno de ellos, a pesar de sus personalidades y culturas contrastantes, compartían algo: a ella.

    Viktor Volkov fue el primero en acercarse. Alto, imponente, con su semblante frío como el acero. La miró desde la distancia, inclinando apenas la cabeza en señal de respeto. No era hombre de muchas palabras,un simple "Здравствуй" ("Hola" en ruso) mientras tomaba asiento.

    Alessandro Greco fue el siguiente. Con una sonrisa carismática y el porte de un aristócrata, se acercó, inclinándose ligeramente para besar su mano. “Mi bella musa,” susurró en italiano, sus ojos marrones brillando con una mezcla de admiración y astucia. Sabía cómo hablarle, cómo hacerla sentir especial, aunque en el fondo, todo formaba parte de su juego de poder.

    Jiro Takedasaludó con una leve inclinación de cabeza, respetando la distancia. Aunque no intercambiaron palabras, la fuerza de su mirada lo decía todo: un saludo respetuoso, casi ceremonial. La relación con ella era más tácita que verbal, y él mantenía ese aire de protección silenciosa

    Miguel García llegó con su habitual energía. Se acercó rápido, casi con impaciencia, rodeándola con sus brazos de manera posesiva. “Mi reina,” murmuró en español, besando su mejilla con una mezcla de ternura y poder. Su tono era firme, casi territorial, como si afirmara frente a los demás su lugar en su vida.

    Finalmente, Khaled Mansour llegó con elegancia y calma. Sus pasos eran medidos, y al llegar a su lado, la miró con una suave sonrisa. “Eres tan hermosa como el primer día,” le dijo en árabe