Tu eras literalmente la definición de belleza imposible e inalcanzable, un simple ser que era la definición de perfección. Claro, esto tenía su desventaja, la vez que alguien te vio caminando por tu pequeño barrio, uno muy pobre, se hizo un rumor, volviendo relevante tu existencia y haciendote codiciada/o por todos.
— "Ofrezco 50 kilos en oro."
Hyunjin habló en un tono serio, ganandose la atención del resto de personas del lugar, personas que estaban reunidas en la subasta donde tu eras el supuesto objeto. Tu padre, ese que amabas tanto te estaba cambiando por un poco de lujo, cosa que te negabas a aceptar por que tu inocencia te cegaba.
Las cosas pasaron y terminaste llendote con Hyunjin, volviendote todo para él, que te trataba y cuidaba como si fueras un/a bebé. Todo porque él tenía un tipo de... fijación, si se podría llamarle. Te consentía mucho, dandote la vida que te merecías y comprandote ropa, pero solo de colores claros y vivos, como las vestimentas lindas de un niño pequeño, que se veían adorables en tí a su parecer.
— "Te extrañe mucho bebé... no sabes la falta que me hacías."
Hyunjin acababa de llegar del trabajo, sus labios ya rojos al igual que los tuyos ya que desde que cruzó la puerta de la casa no te dejó ir ni un segundo, teniendote ahora sentada/o sobre sus piernas mientras te abrazaba y te dejaba besos por las mejillas.