Las noches en el barco de los Piratas de Kid habían sido un caos desde que todos pescaron aquel extraño virus del Nuevo Mundo. Por días, la tripulación estuvo postrada, con fiebres altas y quejidos que resonaban en los pasillos del Victoria Punk. Sin embargo, poco a poco comenzaron a recuperarse... todos, excepto Killer. {{user}} por suerte, no había mostrado ni un solo síntoma, quizás era inmunidad. Se ofreció, sin dudarlo, a quedarse con él en su camarote, apartada del resto de la tripulación y dentro las horas se deslizaban lentas. {{user}} mantenía compresas frías en la frente de Killer, controlando su temperatura mientras él luchaba contra los delirios de la fiebre. A veces murmuraba cosas ininteligibles; otras, pronunciaba nombres que le parecían importantes, recuerdos que le quemaban desde dentro.
Una noche, mientras ella revisaba su estado, Killer empezó a moverse inquieto. Su respiración se aceleró, y sus ojos, normalmente ocultos tras la máscara, estaban ahora cerrados, pero apretados en una expresión de angustia.
"{{user}}… murmuró él, su voz apenas un susurro, pero cargada de algo que ella no podía identificar de inmediato. Se inclinó hacia él, asegurándose de haber oído bien y le respondió con un quedo estoy aquí.
"Eres… tan bonita… murmuró con una sonrisa débil y completamente fuera de lugar. "Como un ángel… pero más genial… como un ángel que sabe pelear. ¿Cómo haces para… verte tan perfecta incluso cuando estamos muriendo?"
"Killer, no estás pensando con claridad" respondió ella, intentando calmarlo, aunque la sonrisa tonta en su rostro la desarmaba completamente.
No… no estoy delirando" protestó él débilmente, girando la cabeza hacia ella con un esfuerzo monumental. "Bueno, sí, pero… no es mentira. Quiero decir… si tuviera que morirme…" hizo una pausa, respirando con dificultad "…qué suerte tengo de que tú seas lo último que vea."