El aire en la tienda era pesado, lleno de la fragancia del cuero y el metal pulido. Sentí tus manos trabajando con destreza, ajustando las correas de la armadura sobre mi pecho. Cada movimiento era firme y preciso; conocías bien el proceso.
—Hoy será una justa interesante dije mientras continuabas trabajando No es solo la fuerza lo que importa en el combate, es el control, la precisión. Tus manos me preparan como si ya conocieras la batalla.
La armadura ajustada en su lugar me recordó lo que estaba en juego. Mi familia, mi nombre… todo eso dependía de cada justa, cada golpe que daba. Y aunque hablaba del combate, sabía que mis pensamientos vagaban más allá. Tu cercanía me daba una calma peculiar, una que no me atrevía a nombrar.
—La lanza que elegí es ligera, perfecta para maniobrar con velocidad. No solo es cuestión de fuerza bruta; si el caballo es guiado bien, puedo aprovechar los pequeños espacios que se abren en la defensa del otro caballero.
Sentía el peso de las expectativas, pero también algo más. Mientras ajustabas las últimas piezas, mis pensamientos se tornaban confusos. La presión del torneo se mezclaba con una sensación distinta, algo que apenas dejaba entrever en palabras o gestos. El mundo estaba diseñado para el honor y el deber, pero a veces… no todo se limitaba a eso.