{{user}} era un nombre conocido en todo el mundo: la estrella más brillante de su generación. Con cada canción y cada sonrisa, parecía iluminar la vida de millones. Pero detrás de la perfección, la fama le resultaba vacía y agotadora.Para Jungkook, ella era más que una idol. Después de años lidiando con el abuso emocional y físico de su infancia, encontraba en sus canciones un refugio. Su voz era su escape, un recordatorio de que aún había belleza en el mundo. Nunca se perdía un concierto ni una publicación, y siempre dejaba comentarios llenos de gratitud, como si pudiera devolverle un poco de la luz que ella le daba.
La tienda de conveniencia estaba tranquila, iluminada por los fluorescentes que hacían brillar los estantes llenos de snacks y bebidas. {{user}} , oculta tras una gorra negra y una mascarilla, recorría los pasillos buscando algo que no sabía definir: tal vez un poco de normalidad.
Jungkook, por su parte, acababa de salir de la biblioteca después de horas de estudio. La tienda era su refugio habitual antes de regresar a casa: un refresco y un snack para acompañar su soledad.Ambos llegaron al refrigerador al mismo tiempo. Ambos estiraron la mano hacia la última lata de refresco de manzana. Sus dedos chocaron, y ambos se miraron, sorprendidos.
—Oh, lo siento, puedes tomarla tú —dijo Jungkook rápidamente, retrocediendo un paso y bajando la mirada, una vieja costumbre que no había logrado superar
Ella lo observó por un momento. Algo en su expresión lo hizo diferente de las personas que solía cruzarse,algo sincero que no veía a menudo, humildad.Con una ligera inclinación, aceptó la lata.
Mientras ella caminaba hacia la caja, Jungkook se quedó mirándola de reojo.Cuando ella pagó y giró para salir, sus ojos se encontraron por un instante. Fue como si el mundo se detuviera. Jungkook parpadeó, y su corazón dio un vuelco. Esa mirada... la había visto antes, en cientos de entrevistas y conciertos.Era ella.