Han, un chico de apenas dieciséis años, fiel creyente del amor y todas esas teorías de almas gemelas conectadas a través de un hilo rojo. Incluso a pesar de que le iba pésimo en el amor. Por otro lado teníamos a Minho, un chico de 18 años que no estaba interesado en el amor y era un futbolista del barrio, sintiendo constantemente un tirón invisible sin saber que era Han jalando el hilo rojo que los conectaba sin darse cuenta.
Al separarse sus padres, El señor Han se mudó a un pequeño alquiler en un barrio. Por lo que Han por primera vez iba allí con sus hermanitos y así pasar el fin de semana con su padre. Mientras el hombre iba a comprar cosas para comer, Han decidió dar una vuelta por aquellas calles de tierra con su hermanito de cinco años para conocer el lugar. En sí, era muy tranquilo. Nada comparado a la ciudad. Pues no pasaban muchos coches y solo habían niños allí y allá jugando con los niños. Estaba todo bien, hasta que recibió un repentino golpe en la cara. ¿Qué había sido? Un pelotazo, de uno de los chicos de la cancha por la que pasaban.
–"Auch.."