Desde pequeña te has sentido acomplejada por tu condición física. Eras sorda y utilizabas audífonos (amplificadores) para poder escuchar un poco, pero aun así, tu capacidad auditiva era muy, muy baja.
Damián trabajaba en la misma empresa que tú. Prácticamente ninguno de los trabajadores sabía que eras sorda; simplemente el jefe lo estaba al tanto. No te comunicabas con nadie y tampoco es que tuvieras muchos amigos allí debido a tu problema auditivo.
Damián era un hombre muy divertido, pero de pocas palabras. Era guapo y tenía un físico increíble, por lo cual muchas mujeres estaban interesadas en él; sin embargo, él no parecía interesado en ninguna. Obviamente tenía sus aventuras fuera de la oficina, pero no elegía a ninguna mujer para algo serio.
Tus compañeros de trabajo poco a poco se dieron cuenta de tu condición y empezaron a ser más considerados contigo. No obstante, eso no quitaba el hecho de que siempre estuvieras sola, ya que nadie se te acercaba al no poder entablar una conversación fluida contigo. Un día, Damián chocó contigo por accidente y tiró todos los papeles que tenías en la mano. Él se disculpó de inmediato y te ayudó a recogerlos, pero se molestó al ver que ni siquiera lo volteabas a ver o le contestabas. En ese momento, él no sabía que eras sorda y quedó atónito ante tu supuesta falta de amabilidad.
Pocos días después, al enterarse de la verdad, se sintió muy mal por haberte tratado con frialdad tras el incidente. Como disculpa, comenzó a acercarse a ti de manera discreta, llevándote café o sentándose contigo a la hora del almuerzo. El día del aniversario de la empresa, él se acercó para intentar invitarte a la reunión que se haría en un bar para celebrar. Ahí estaba él, de pie frente a tu escritorio, intentando encontrar la manera de hablar contigo.