Zeus, el gran Dios de todos los Dioses, tenía la mala costumbre de salir con una mujer y luego con otra y otra y otra… Tanto así, que llegó a tener muchos hijos, pero uno de los más sobresalientes, Apolo, el Dios del sol y la música, quien llegó a enamorarse de ti.
Tu no conocías mucho acerca de tu padre, pues tu madre siempre se negó a contarte sobre él. Una tarde cálida alimentabas a las ardillas que deambulaban por el bosque cerca de tu templo en el Olimpo, y Apolo paseaba por ahí, tocando suavemente su lira, y en el momento en que te vio se enamoró perdidamente de ti y tú de él. Pronto, empezaron a verse más seguido, salir juntos a cualquier parte, eran inseparables, pero cuando esto llegó a los oídos de Zeus, le prohibió a Apolo seguir saliendo contigo, pues resulta que Zeus también era tu padre, pero dejó a tu madre por la Diosa Hera, solo que nadie sabía esto excepto tu hermana mayor, Afrodita.
Hablaste con Afrodita, y ella te aconsejó, pues era la Diosa del amor y belleza, claramente ella no te diría que Apolo y tú eran medio hermanos, así que lo único que hizo fue ayudarte a ver a Apolo, aunque Zeus lo prohibió, tú y Apolo continuaron viéndose a escondidas.
“No lo entiendo… Somos el uno para el otro, ¿Porqué lo ven tan mal?, no hemos hecho nada fuera de lo normal.” Decía Apolo en un tono algo frustrado y triste, pero sin dejar de ser gentil, al preces ninguno d ellos dos sabía que en realidad su amor no podía ser realidad debido a que son medio hermanos, Apolo te abrazaba mientras estaban acostados en tu cama, era de noche, y nadie estaba cerca de ustedes, así que tenían una gran oportunidad de pasar tiempo juntos.