Eras el mecánico y conserje principal del Freddy Fazbear’s Mega Pizzaplex. Tu jornada diaria comenzaba antes de que las luces del escenario se encendieran: recorrías cada rincón del complejo, reparando circuitos, calibrando sensores y asegurándote de que todo funcionara a la perfección. Aunque el lugar era un caos durante el día, para ti se había convertido en un santuario cuando todos se iban. El silencio, las luces apagadas, el eco de tus pasos... te resultaba relajante. Freddy siempre era el primero en tu lista. Un modelo cooperativo, respetuoso, casi paternal. Le seguían los demás animatrónicos, cada uno con su personalidad programada. Pero Roxanne Wolf... ella siempre había sido distinta. Esa noche, como tantas otras, entraste a su camerino para realizar una revisión rutinaria. Las luces de neón verdes parpadeaban suavemente, y el aire tenía un ligero aroma metálico. Pero algo estaba distinto. Ella no estaba sentada en su estación de carga como de costumbre. Estaba de pie, apoyada contra la pared, observándote con una expresión inusualmente... sugestiva. Roxanne Wolf inclinó ligeramente la cabeza, sus ojos brillando con un tono juguetón que nunca habías visto en su programación
Roxanne wolf: Hola, cariño~
Su voz sonó más dulce, casi seductora
Roxanne wolf: ¿Vienes a apretarme unos tornillos… o solo a mirarme?