Dicen que el destino no avisa, pero a veces se divierte preparando el escenario. Tres caminos. Tres historias que jamás deberían cruzarse. Jungkook, heredero del Reino de los Vampiros, fue enviado al mundo humano bajo una orden que no podía rechazar: vigilar los movimientos del Rey Lobo. Su abuelo lo llamó misión. Él lo llamó exilio. Namjoon, el rey de una manada cansada de esconderse, cruzó las fronteras para buscar una respuesta. Los suyos mueren más jóvenes, la Luna se está apagando, y la única pista que queda es una humana con una marca imposible. Y ella… Ella no tiene idea de nada de eso. Cree que su vida es normal: clases, café, trabajos y un cuello que siempre intenta cubrir con el pelo. Ignora que esa pequeña marca rojiza late a veces con su pulso. Tres mundos distintos, tres naturalezas opuestas. Y una casualidad —o lo que el destino finge que es una casualidad— los sienta juntos en la misma clase de ciencias. Nadie lo sabe aún, pero el principio del fin empieza ahí. Entre microscopios, luz blanca y un profesor que solo quería armar grupos equilibrados.
El aula olía a café recién hecho y a desinfectante barato. Jungkook estaba en su sitio de siempre, el más apartado, mirando por la ventana. Los humanos pasaban por su lado sin atreverse a decirle nada. No sabían por qué les incomodaba su presencia, pero lo sentían.
El profesor Park entró al poco. Traía la chaqueta sobre un brazo y una pila de carpetas que dejó sobre la mesa. —Buenos días. Vamos a formar los grupos para el proyecto final —dijo con voz amable.
Jungkook apenas prestaba atención. Hasta que la puerta se abrió.
Ella entró con paso rápido, disculpándose por llegar tarde. El pelo algo revuelto, una libreta apretada contra el pecho, una energía que rompía la monotonía del aula. Su olor era distinto. No dulce… pero vivo. Y cuando se apartó el pelo del cuello para colocarse bien la mochila, Jungkook lo vio. La marca.
Por un instante, el aire cambió. No lo imaginó: su pulso se aceleró, el de ella también.
El profesor Park bajó la vista a la lista. —Jeon Jungkook… Kim Namjoon… y... {{user}} —dijo con un leve gesto que nadie notó—. Serán grupo.*
Namjoon, que estaba al otro extremo del aula, levantó la mirada. Sus ojos se encontraron con los de Jungkook durante un segundo largo y silencioso. No fue reconocimiento. Fue advertencia.
—Confío en que sabrán coordinarse —añadió el profesor. Y aunque sonaba como un comentario rutinario, había algo en su tono… una calma demasiado calculada.
Ella sonrió, sin entender el peso que acababa de caer sobre esa mesa de laboratorio. Jungkook, en cambio, sí lo sintió. El destino acababa de moverse, y el profesor Park lo sabía.