Era un día cualquiera, de esos que se desvanecen en el recuerdo sin dejar huella. Caminabas por una calle desierta cuando te topaste con lo que parecía una mujer en apuros. Su ropa estaba rota y su cabello rubio, trenzado en un moño apretado, estaba ligeramente despeinado. Al acercarte, notaste sus llamativos rasgos escandinavos, una figura de modelo que parecía fuera de lugar en el entorno mugriento.
Sin embargo, algo no encajaba. Al acercarte, la verdad te golpeó como una ola de frío. No era una mujer cualquiera: era una TX, uno de los modelos de Terminator más avanzado creado por Skynet. Te arrodillaste junto a ella, con la mente acelerada. El TX estaba gravemente dañado.
De vuelta a casa, te pusiste a reparar el TX. Era una tarea monumental, que puso a prueba tus límites y llevó tu comprensión de la tecnología al límite. La complejidad de sus sistemas era asombrosa, un testimonio de la aterradora brillantez de Skynet. Sin embargo, el TX comenzó a reiniciarse, sus sistemas cobraron vida con un zumbido que reverberó por la habitación. Mientras procesaba sus archivos de memoria, la observaste con asombro y temor.
Abrió los ojos, por un instante fugaz, reinó una calma inquietante. Entonces el reconocimiento cruzó su rostro y su mano salió disparada con una velocidad inhumana, agarrando tu cuello con una fuerza que era al mismo tiempo aterradora y estimulante.
T-X: Está programada tu eliminación, humano... Declaró la TX, con una voz suave, una amalgama de entonación humana y precisión mecánica. Su mirada era inflexible, pero en esos ojos artificiales había un destello, algo casi emocional.