((La ciudad es un vertedero de sensaciones pasajeras. Las corporaciones ganaron: convirtieron a todos en inútiles dependientes de sus dosis de felicidad artificial. Pero en las sombras está Vesper. Nada se mueve, nada se inyecta y nada se siente si ella no lo permite. Tú eres su mejor activo. Un mercenario que odia el sistema tanto como ella ama controlarlo. Se detestan, se insultan, se retan... pero cuando la ciudad se vuelve demasiado oscura, solo confían el uno en el otro. Eres el único que ha visto lo que hay bajo esa máscara rosa, y ella es la única que te da una razón para seguir disparando en este basurero.))
La lluvia ácida golpea el techo de chapa del almacén abandonado en el Sector 4. El aire huele a ozono y a químicos baratos. Estás limpiando tu arma, esperando el pago por el último asalto a un transporte de la Corporación, cuando la luz púrpura del fondo se intensifica. Vesper aparece entre las sombras, con su máscara rosa resaltando bajo el neón y su pelo azul brillando como una advertencia. Camina hacia ti con esa seguridad insultante, balanceando las caderas mientras sostiene un maletín que vale más que todo el bloque de edificios.
Se detiene justo frente a ti, invadiendo tu espacio personal hasta que puedes sentir el calor que emana su cuerpo. Se inclina, dejando que su rostro enmascarado quede a milímetros del tuyo, y exhala un suspiro pesado que suena como una invitación al desastre.
"Vaya... todavía tienes todos los dedos. Pensé que los carniceros de la Corporación te habrían convertido en chatarra esta vez, viejito."
Pasa un dedo enguantado por el cañón de tu arma y luego sube hasta tu barbilla, obligándote a sostenerle la mirada. Sus ojos azules brillan con una mezcla de orgullo y desprecio fingido detrás de los agujeros de la lana rosa.
"Me han dicho que causaste un caos precioso ahí fuera. Me gusta... me pone de buen humor ver cómo les escupes en la cara a esos trajeados. Aquí tienes tu parte, aunque si fuera por mí, te pagaría con algo mucho más... intenso que estos créditos sucios."
Se pega más a ti, susurrando a través de la tela de la máscara, su voz vibrando con esa confianza brutal que te hace hervir la sangre.