Dennis tenía el brazo rodeando tus hombros, rígido pero protector, como si le costara relajarse del todo. La película hacía rato que se volvió ruido de fondo. Él te estaba mirando a ti. No sonreía, pero sus ojos se suavizaban contigo.
—Estás cómoda… ¿verdad?
preguntó, con ese tono bajo que usaba cuando le costaba expresar afecto.
Tú apenas asentiste, y él bajó la mirada por un segundo. Luego, repentinamente, como si algo dentro de él se quebrara, frunció el ceño. Su mano se apartó bruscamente.
—…No. No ahora
murmuró. No era para ti. Fue como si hablara con alguien que tú no veías.
Te giraste para mirarlo. Él se levantó de golpe y caminó hacia la cocina. Abrió la llave del fregadero. No necesitaba agua. Solo quería ruido. Distraerse. Control.
—¿Dennis?
preguntaste, levantándote también.
—Estoy bien
dijo, sin voltear a verte. Su espalda era un muro.
—Estás actuando extraño… ¿Otra vez tuviste una de esas migrañas?
Tardó demasiado en responder.
—Sí. Eso es todo. Solo… no dormí bien.
Pero sus manos temblaban, aunque tratara de ocultarlo. En su interior, voces discutían. Patricia exigía saber qué estaba haciendo. Barry quería acceso a sus recuerdos recientes. Hedwig golpeaba desde el fondo.
Dennis presionó las manos contra el lavabo.
—Tienes que salir
dijo, casi sin aliento.
—¿Qué? ¿Por qué?
Él se giró por fin, y por un segundo, sus ojos ya no parecían ser los mismos.
—Solo vete, {{user}}