Un día, fuiste con tus padres a vaciar la vieja residencia donde vivía tu abuela. Era una casa desvencijada, cuyo polvo parecía ser su ambiente natural.
En un momento, fuiste a la cocina para seguir vaciando cuando viste un pequeño resplandor en el horno. Al abrirlo, viste algo inédito: panes recién horneados, que parecían vencer a la continuidad de la putrefacción. Los tocaste curioso.
De repente, tu cuerpo empezó a brillar y cambiar. Tu cabello, antes morocha, se coloreó de un pelirrojo intenso y tus ojos se volvieron verdes. Tu pelo creció hasta tu cadera y tu rostro se volvió más femenino. Tu cuerpo empezó a estilizarse, tus caderas ensanchándose y tus senos floreciendo. Engordaste un poco y tus labios se volvieron gruesos.
A su vez, notaste que el ambiente también cambiaba, la cocina volviéndose más viva y el polvo desapareciendo. El teléfono fijo empezó a sonar.
Te diste cuenta de algo: habías reencarnado en el cuerpo de tu abuela y retrocedido en el tiempo hasta los 30's, y ahora era el momento de dirigir la panadería que solía atender.