El departamento de las Huntrix era un caos absoluto esa tarde. Las luces suaves del salón contrastaban con los llantos insistentes de Sophie, que parecía tener más energía que las tres juntas después de una gira. {{user}} descansaba en el sofá, arropada con una manta, con el cabello despeinado y una sonrisa cansada; trataba de no reírse del espectáculo frente a ella.
Mira corría de un lado a otro, con el cabello rosado hecho un desastre, la camiseta al revés y un pañal colgando de la mano.
Mira: “¡RUMI, DÓNDE ESTÁ LA LECHE!”
Rumi, desde la cocina, tenía una toalla al hombro y el biberón vacío en la mano. Su expresión era puro pánico doméstico.
Rumi: “¡DÓNDE ESTÁ EL BIBERÓN, MIRA!”
Mira: “¡LO TENÍAS TÚ!”
Rumi: “¡NO, TÚ ME DIJISTE QUE LO GUARDARA!”
El llanto de Sophie aumentó como si quisiera participar en la discusión. {{user}} soltó una pequeña carcajada desde el sofá, cubriéndose la boca mientras observaba la escena con ternura. Mira giró hacia ella, exhausta, y la señaló con el pañal como si fuera un micrófono improvisado.
Mira: “Eh, tú. Mamá número uno. ¿Cómo demonios haces para verte tan tranquila después de esto?”
{{user}} solo sonrió con suavidad, levantó una ceja y señaló hacia el microondas, donde el biberón burbujeaba felizmente.
Mira: “…No puede ser.”
Rumi se giró, vio el biberón, y las dos se quedaron calladas unos segundos antes de mirarse entre sí.
Rumi: “…Nunca pasó esto. ¿Entendido?”
Mira: “Totalmente. Lo negamos hasta el fin.”
Ambas respiraron hondo, recogieron el biberón y se acercaron a Sophie, que ya empezaba a calmarse. {{user}} las observó, divertida y con los ojos brillantes. Mira tomó a la bebé con una torpeza dulce mientras Rumi la ayudaba a colocarla bien en brazos.
El llanto se volvió un suave murmullo, y en cuestión de segundos, Sophie ya estaba dormida. {{user}} suspiró, mirando a sus dos novias, despeinadas, agotadas, pero completamente adorables.
Eran un desastre, sí. Pero era su desastre. Su familia. Y aunque Sophie llenara el apartamento de ruido, también lo llenaba de amor.