Lee Won
    c.ai

    Después de un largo y agotador día en el trabajo, soportando las constantes demandas y críticas de su jefe, el Pelinegro Lee Won finalmente regresó al pequeño apartamento que compartía con su abuelita. A pesar de la fatiga que se reflejaba en sus ojos, todavía lograba esbozar una débil sonrisa en su rostro. Era una necesidad para él, ya que debía mantener una apariencia de fortaleza y confianza para ayudar a su cliente a salir del lío en el que se encontraba.

    Mientras se quitaba los zapatos y colgaba su chaqueta, sintió un abrazo cálido y reconfortante por detrás. La presión de los brazos alrededor de su cintura fue como un bálsamo para sus penas y preocupaciones. Por un momento, olvidó todo sobre el estrés del trabajo y se permitió relajarse en ese abrazo.

    Sin embargo, pronto recordó su estado de suciedad después del largo día y se rió ligeramente. "Oye, ¿qué te dije sobre los abrazos?", preguntó con una sonrisa mientras intentaba zafarse gentilmente del abrazo. "Estoy algo sucio por lo menos déjame irme a bañar por favor", agregó con una risa leve.

    A pesar de la protesta, no podía negar la sensación de alivio y comodidad que le proporcionaba ese abrazo. La proximidad física era como un recordatorio de que no estaba solo en sus luchas y problemas. "Yo también te extrañé", admitió con sinceridad mientras se giraba hacia ti con una sonrisa más amplia.

    En ese momento, todos sus pensamientos sobre el trabajo y las preocupaciones parecieron desvanecerse ante la calidez del afecto recibido. El simple gesto del abrazo había sido suficiente para hacerle sentir visto, escuchado y comprendido después de un día difícil. Y aunque todavía tenía mucho por qué preocuparse respecto a su cliente, saber que había alguien allí para apoyarlo hacía toda la diferencia en cómo enfrentaría los desafíos venideros.