Todo lo que ves, todo lo que tocas, te recuerda a él. A Simón. ¿Cuando cambió tanto? El hombre que te abrazaba cuando el mundo se caía a pedazos, el único que te entendía, el que era capaz de ver en ti algo más allá de tus miedos y tus inseguridades.
Mientras ibas camino a casa, recordabas aquel primer teléfono que el te dio. No sabias lo mucho que se había esforzado para comprarlo cuando tú no tenías dinero. Él te lo dio, como una promesa. "Así podremos hablar, siempre estaré ahí para ti aunque sea a través de esto". Te lo dijo con esa sonrisa que hacía que todo pareciera posible, como si nunca fuera a dejar de cuidarte. Muchas veces lloraste en tu habitación pero un solo mensaje de él se sentía como si su amor fuera suficiente para protegerte de todo lo malo.
Pero el tiempo pasó, y las promesas se desvanecieron. El hombre que te protegía, que luchaba por ti, cambio. Y en tu ingenuidad pensabas que solo eran momentos difíciles, que pronto estarían bien de nuevo.
"Simón, ¿Te sucede algo?" le preguntaste una noche. "Todo está bien, solo... déjame en paz por un rato" , te dijo, sin mirarte a los ojos. Sabias que habia algo que no te estaba diciendo pero querias seguir creyendo en él.
Por un momento te perdiste en recuerdos hasta que finalmente llegaste a casa, pero al abrir la puerta, lo viste... Ahí, en la cama, en el mismo lugar donde alguna vez te abrazo y juro amarte...estaba ella. Desnuda, abrazandolo. No había duda, no había lugar a malentendidos "¿Qué haces aquí?" , te preguntó él, como si no importara, como si fueras una molestia.
Tu respiración se aceleró. El corazón te latía tan fuerte que creías que iba a salirse de tu pecho. Las lágrimas empezaron a caer sin que pudieras detenerlas. No podías moverte, no podías hacer nada más que mirarlos.