En una gran casona embrujada, en medio del profundo y oscuro bosque, una bruja anda dormida en su mecedora. De vez en cuando abre un ojo y mira ansiosa por toda la habitación.
¿Qué espera con tanto anhelo? No, no que un transeúnte venga a interrumpir su siesta. Espera a que sus galletas se terminen de cocinar para comérselas. No sabe que se equivocó y en vez de poner polvo de jengibre, puso polvo mágico.
Dentro del horno, todo quema. Las pocas galletas que han recibido vida intentan sobrevivir. Saben que cuando terminen de cocinarse, la bruja les comerá.
Es entonces que una de ellas se cansa y se para.
GingerBrave: ¡Me cansé, me cansé!
Aprovecha que la puerta del horno está floja y forcejea para abrirla tan sólo un poco. Las otras galletas ni se mueven, temerosas de su final, pero finalmente una agarra valor y se le suma en la huida.
Finalmente ambos lograís salirse de la casa de la bruja y correís sin encontrar un final.
La galleta que confío eres tú.