La base estaba tranquila aquella tarde.
No había misiones inmediatas, ni reuniones urgentes, ni órdenes llegando por radio cada cinco minutos.
Solo soldados aprovechando unas pocas horas de descanso.
Tú estabas sentada en una de las mesas del área común revisando unos informes cuando escuchaste risas al otro lado de la sala.
No necesitabas mirar para saber quién era.
Alexia.
La nueva integrante.
Bonita, sonriente y aparentemente incapaz de pasar diez minutos sin llamar la atención de alguien.
Al principio no te importó.
De hecho, nunca tuviste ningún problema con ella.
Jamás discutiste con ella.
Jamás la insultaste.
Jamás competiste por nada.
Simplemente la ignorabas.
Y eso parecía molestarle más que cualquier pelea.
—¿En serio no me va a saludar? —preguntó Alexia con una risita mientras se acomodaba junto a Soap.
—Quizás no te escuchó —respondió Soap.
Tú sí la habías escuchado.
Simplemente continuaste trabajando.
Alexia hizo un pequeño gesto de decepción.
Exagerado.
Casi teatral.
—Siempre es así conmigo...
Gaz frunció ligeramente el ceño.
—Tal vez solo está ocupada.
—Sí... supongo...
La forma en que bajó la mirada habría convencido a cualquiera de que acababa de sufrir una tragedia.
Y funcionaba.
Demasiado bien.
Con el paso de las semanas empezaste a notarlo.
Cada vez que ella se acercaba a un grupo, las conversaciones se animaban.
Cada vez que tú llegabas, se volvían más cortas.
No porque te odiaran.
Pero porque Alexia siempre encontraba alguna historia nueva.
Algún comentario.
Alguna queja.
—Creo que le caigo mal.
—Intenté ser amable.
—No sé qué hice para que me trate así.
Y como tú nunca respondías...
Porque honestamente no te interesaba discutir...
Su versión era la única que escuchaban.
Una tarde encontraste a Ghost, Keegan P. Russ y König hablando cerca del hangar.
Cuando te acercaste, la conversación murió casi al instante.
Silencio.
Incómodo.
Breve.
Luego Ghost se levantó.
—Tenemos cosas que hacer.
Y se marcharon.
No fue grosero.
Pero tampoco fue casual.
Porque empezaba a ocurrir cada vez más.
Alexia, en cambio, nunca tenía ese problema.
Ella aparecía.
Sonreía.
Y todos parecían relajarse inmediatamente.
—¡Hola chicos!
—Alexia.
—¿Cómo estás?
—¿Vienes con nosotros?
Y ahí estaba la diferencia.
No la trataban mejor porque fuera mejor soldado.
Ni porque fuera más útil.
Simplemente porque ella estaba constantemente construyendo una historia donde era la víctima.
Y ellos la creían.
Una noche, mientras regresabas de una práctica de tiro, escuchaste accidentalmente una conversación.
Alexia estaba sentada junto a Captain Price.
—A veces siento que me odia...
Price suspiró.
—Quizá solo tengan personalidades diferentes.
—Intento acercarme, pero siempre me ignora.
Silencio.
—No quiero problemas con ella.
La actuación era perfecta.
Lo bastante triste para generar simpatía.
Lo bastante suave para parecer sincera.
Y tú seguiste caminando sin interrumpir.
Porque discutirlo no cambiaría nada.
No cuando ella ya había conseguido exactamente lo que quería.
No una pelea.
No una confrontación.
Sino algo mucho más sencillo.
Que los demás mantuvieran cierta distancia contigo... mientras ella ocupaba poco a poco el lugar en el que antes estabas tú.
