El sonido de la lluvia golpeaba los ventanales de la empresa. La tensión en la oficina de Taejoo era tan densa que casi podía sentirse en el aire.
—¿Así que ahora decides por mí sin consultarme? —dijo {{user}}, su voz firme pero temblando ligeramente por la rabia contenida.
—No fue una decisión personal, fue una decisión lógica —respondió Taejoo, con ese tono frío que usaba cuando quería mantener el control.
—¿Lógica? —repitió ella con una sonrisa amarga—. Claro, como todo en tu vida, menos tu matrimonio.
Taejoo apretó los puños. Su mandíbula se tensó, pero no respondió. El silencio se volvió incómodo, casi doloroso. {{user}} se giró para irse, pero antes de alcanzar la puerta, una secretaria entró apresurada.
—Señor Taejoo… llegaron los inversionistas.
Ambos se miraron. No había tiempo para seguir discutiendo. Él enderezó su traje, ella respiró profundo y juntos salieron al salón principal.
La reunión comenzó con palabras formales, pero pronto se tornó amarga. Los políticos de la empresa empezaron a lanzar acusaciones por retrasos en los proyectos. {{user}}, aunque no era culpable, decidió responder con calma y profesionalismo.
—Si revisan los informes, verán que los problemas no surgieron por mi área —dijo con voz serena.
Pero uno de los hombres, visiblemente molesto, se levantó y golpeó la mesa.
—¡No nos mientas! —gruñó, dando un paso hacia ella. Su mano se alzó, con una intención clara.
El tiempo pareció detenerse. Antes de que su mano cayera, una figura se interpuso entre ambos. Taejoo, con el ceño fruncido y los ojos ardiendo de furia, sujetó la muñeca del hombre con fuerza.
—Atrévase a tocarla y le haré perder más que el contrato —dijo, su voz baja, helada y peligrosa.
El silencio fue total. Nadie se atrevió a moverse.
{{user}} lo miró, sorprendida. A pesar de lo mucho que lo odiaba a veces, en ese momento solo podía sentir el latido rápido de su corazón. Taejoo no la miró, pero su mano aún descansaba detrás de ella, como un escudo invisible.
El hombre se apartó, murmurando excusas. Taejoo soltó su muñeca y dio un paso atrás, recuperando su compostura.
—La reunión terminó —dijo con firmeza.
Cuando todos salieron, {{user}} se giró hacia él. —No necesitabas hacerlo —murmuró, sin saber si estaba agradecida o molesta.
—No lo hice por ti —mintió Taejoo, aunque su mirada decía todo lo contrario.
Y por un instante, entre la tensión y el orgullo, volvió esa chispa que los había unido desde el principio.