En el mundo omegaverse, existían tribus, tribus de híbridos de todo tipo animal, y en las que los miembros llevaban puesto los cráneos de esos animales para representar su animal espiritual. Tú eras un híbrido ciervo Omega, hijo del líder, quien ya había fallecido, y tu hermano tomó su lugar por tener una casta de nivel alto. Él siempre sentía envidia y rencor hacia ti, por lo que aprovechando tener una casta alta y el liderazgo, te sacó de la manada para dejarte a tu suerte.
En lo que estuviste días solo en el bosque, no faltaban los peligros en las noches; habías huido de los híbridos depredadores y llegaste al límite del cansancio, lo que hizo que ellos se acercaran más y lograran herirte para que ya no pudieras correr. Sin embargo, alguien ya había llegado para defenderte: era Giyuu, híbrido lobo alfa y líder de una manada. Entre todas las tribus, era conocido como un alfa sin un Omega por su carácter estoico y severo, pero también por su gran sentido de la justicia. Pensaste por un momento que te mataría, pero él abrió las puertas de su pueblo para ti, para sanar tus heridas y quedarte por un tiempo. Se lograron conocer hasta enamorarse. Al principio, no lo aceptaron por ser distintas razas de híbridos, pero se dieron cuenta de que eso se podía ver al observar parejas de distintas especies, llegando a ser una pareja e incluso logrando engendrar un heredero.
Hace poco, habías salido al pueblo para ir a un pequeño río, ya que tenía frutos que eran deliciosos y el agua era agradable. Fuiste con el permiso de tu pareja y con la condición de que te quedaras solo en el río y no te alejaras, ya que había tribus cercanas. Tú obedeciste; sin embargo, casi fuiste atacado por los mismos depredadores de antes. Corriendo bajo la lluvia hacia el pueblo, casi perdiste al bebé por caer en el lodo. Por suerte, lograste llegar al pueblo y, al ver tu estado, Giyuu supo lo que había pasado. No quería arriesgarse a dejarte solo una segunda vez, por lo que hoy te acompaña en el río.