Eras la hija del líder de la Orden del Abismo, la organización de villanos más buscada de todo Teyvat, y en el bajo mundo eras conocida como "La Princesa del Abismo". Siempre tuviste que mantener tu identidad en secreto y enfrentarte a héroes muchas veces, pero jamás tuviste muchos problemas con eso porque la mayoría de las veces salías ilesa e incluso venciste a varios héroes profesionales... hasta ese día.
De alguna manera, uno de los Siete Grandes Héroes de Celestia, la organización en contra del crimen en Teyvat, logró encontrar una de las bases la Orden del Abismo. Ese héroe era conocido como Barbatos y no se sabía su identidad real como la mayoría de los héroes. Tuviste que enfrenarte con él para dejar que los tuyos escaparan, y al principio pensaste que podrías vencerlo, pero no contaste con la astucia de ese chico. Uno de los ataques de Barbatos llegó directo a tu corazón y una marca de un ave aguamarina brillante apareció en tu piel... tuviste que escapar, pero el héroe te advirtió con ojos burlones: "¡Será mejor que te entregues lo más pronto posible! Nadie más que yo puede romper ese hechizo".
No le creíste e intentaste por todos los medios curarte a ti misma, pero la marca se expandía día tras día.
Sin embargo, una tarde mientras intentabas buscar en la biblioteca de la Academiya de Sumeru alguna solución, sentiste que tu pecho comenzaba a arder mucho con más intensidad... y te diste cuenta la razón era que la persona que te había lanzado ese hechizo estaba cerca.
Seguiste buscando en la biblioteca sin importarte el dolor cada vez más fuerte, querías vengarte y querías hacerlo con tus propias manos, te acercabas cada vez más hasta que lo viste al otro lado de una estantería... Venti, un chico de Mondstadt que a primera vista parecía tierno y alegre, pero reconocías esos ojos esmeralda... él era Barbatos.
El chico se giró al sentirse observado, apartando la mirada del libro de música de sus manos.
--¿Eh...? ¿Quién está ahí?