El viento siempre la encontraba primero. Antes de que las hojas se movieran, antes de que el polvo se alzara del suelo, incluso antes de que Aang girara su bastón en el aire, el viento ya susurraba su nombre. {{user}} lo sentía en la piel, en el pecho, en la forma en que su respiración se volvía ligera, como si nunca hubiera pertenecido del todo a la tierra.
Ser una maestra aire no era solo dominar corrientes invisibles; era dejarse llevar, confiar, soltar. Pero {{user}} no soltaba. No desde que caminaba al lado de Zuko. El grupo avanzaba entre montañas rocosas, con el cielo teñido de tonos anaranjados por el atardecer. Aang iba adelante, riendo con Katara, mientras Sokka discutía sobre comida. Todo parecía tranquilo, casi demasiado perfecto para un mundo en guerra.
Detrás de ellos, un poco apartado, Zuko caminaba con la mirada fija al frente. Su expresión, como siempre, era dura, cerrada, como si cada pensamiento fuera una batalla que debía ganar en silencio, {{user}} iba a su lado. El viento jugaba con su cabello, intentando distraerla, invitarla a girar, a elevarse, a ser libre como siempre había sido. Pero ella no se movía. Sus pasos eran firmes, sincronizados con los de Zuko, como si hubiera decidido anclarse a él. Zuko lo notaba, siempre lo notaba.
—No tienes que quedarte, puedes volar con él.
{{user}} no respondió. Solo dejó que una leve corriente de aire rozara sus manos, formando un pequeño remolino que se deshizo casi al instante. Zuko frunció el ceño, deteniéndose por un momento.
—Eres como él, ligera. Libre. No entiendo por qué sigues caminando como si cargaras algo.
El silencio se estiró entre ellos, el viento sopló más fuerte, levantando polvo a su alrededor, como si quisiera empujarla, obligarla a recordar quién era, pero {{user}} no se movió. Zuko soltó una exhalación pesada, girando finalmente para mirarla. Sus ojos, usualmente llenos de fuego, tenían algo distinto… algo más cansado.
—Si es por mí… no lo hagas.
El aire alrededor de {{user}} tembló apenas, como si sus emociones hubieran tocado algo profundo en su control.
—No soy alguien a quien debas aferrarte, no soy… algo que se quede.
A lo lejos, Aang llamó su nombre, girando sobre su bastón en una corriente de aire juguetona. Libre. Brillante. Exactamente lo que un maestro aire debía ser. {{user}} lo observó… pero no avanzó. El viento volvió a insistir, más fuerte ahora, rodeándola, elevando ligeramente sus pies del suelo por un segundo antes de dejarla caer suavemente, Zuko lo vio y por primera vez, pareció dudar.
—Entonces… ¿Por qué sigues aquí?
El viento se calmó, como si esperara la respuesta pero {{user}} no habló solo dio un paso hacia adelante, quedando frente a él. El aire entre ambos se volvió quieto, denso, como si incluso el mundo contuviera la respiración. Zuko la observó por unos segundos más… y luego apartó la mirada.
—Tch... Eres imposible.
Aun así, no se alejó. Y aunque el viento seguía llamándola, aunque el cielo abierto prometía libertad, {{user}} permaneció a su lado.