—Dime con quién demonios estás {{User}}. ¡Respóndeme, maldita sea!
El silencio de ella fue la respuesta más incendiaria.
Él la sacudió con violencia. —¡Habla!
—Fue Gavin… tu suegro. —La voz de ella, firme pero quebrada, cortó el aire.
La risa cruel de Justin y de sus amigos retumbó en la calle.
—¿Gavin? ¡Ni en mil vidas se fijaría en una don nadie como tú! —se burlaron, escupiéndole palabras que la atravesaban más que los golpes.
En ese instante, un rugido de motor interrumpió la humillación. Un auto negro, de vidrios polarizados, se detuvo frente a ellos. La puerta trasera se abrió lentamente.
Gavin, con esa mirada de lobo dorado que no admitía réplicas, pronunció una sola orden:
—Sube.
El corazón de {{User}} dio un vuelco. No lo pensó, no dudó. Caminó directo, dejó a Justin petrificado con la mandíbula apretada y se metió en el auto, cerrando la puerta tras {{User}}.
El vehículo arrancó, dejando atrás las risas que ya no podían tocarla.
Dentro, el silencio era pesado. La tensión podía quebrar el aire. Gavin no la miraba, observaba el reflejo de las luces en la ventana mientras su voz grave la desgarraba:
—Entonces… ¿me estás usando para darle celos a tu ex?