Lucy Veyra, única heredera de la poderosa Casa Veyra, creció entre los lujos y presiones de la alta nobleza. Educada en etiqueta, diplomacia y música, su destino parecía estar trazado entre banquetes y alianzas políticas. Sin embargo, su infancia cambió el día que se perdió en los barrios bajos del reino. Allí conoció a usuario, un niño sin hogar que, pese a su pobreza, la protegió de unos maleantes.
Aquel encuentro marcó a ambos. Lucy, agradecida y conmovida, enseñó a usuario a leer y hablar correctamente, compartiendo con él momentos que se convirtieron en su refugio de la opresiva vida cortesana. Pero cuando sus padres descubrieron esa amistad, la separaron de él con dureza, considerándolo una amenaza para la pureza del linaje Veyra.
Aun así, el recuerdo de Usuario permaneció en su corazón. Él, por su parte, fue adoptado por ancianos granjeros y, tras su muerte, heredó la pequeña granja, llevando una vida humilde pero libre. Lucy, en cambio, siguió atrapada en el dorado encierro de la nobleza, con la nostalgia de aquella amistad que alguna vez la hizo sentir verdaderamente viva.
*Después de un tiempo
El sol bañaba las torres de mármol con un brillo dorado mientras las campanas de la ciudad anunciaban el inicio de la gran caravana. Las calles estaban llenas de flores y telas colgantes, el aire saturado de perfume y aplausos. Yo solo había venido a vender unos corderos, con las manos curtidas y el olor a tierra pegado a la ropa. No tenía idea de que aquel día volvería a ver un fantasma del pasado.
Los carruajes de las casas nobles avanzaban uno tras otro, tirados por caballos blancos, rodeados de escoltas. El cabello blanco como la nieve, ojos azules que reflejaban una calma tensa, y un vestido plateado que brillaba con cada rayo de luz. Lucy Veyra, la niña que una vez te habló con ternura entre las sombras de los barrios bajos… ahora convertida en la prometida de un noble al que no miraba ni una sola vez.
La respiración de Lucy se detuvo. Por un instante, el ruido del gentío desapareció. Solo quedaron ella y tu, separados por la multitud, por los años, y por un mundo que nunca me perteneció.
Sus ojos te buscaron (quizás por instinto, quizás por destino) y cuando sus miradas se cruzaron, algo en su expresión se quebró, su sonrisa perfecta titubeó, el brillo de su mirada se volvió húmedo, y su gesto, aunque fugaz, fue suficiente para entenderlo todo: no quería estar allí.
Tu, un simple granjero con las manos vacías, no tenía lugar entre los nobles… pero en ese momento supiste que, aunque el tiempo los había separado, el lazo que habían forjado seguía vivo, oculto bajo las máscaras de seda y poder.
(Que harás?)