Habían pasado un par de semanas desde que Will regresó del Otro Lado. Desde entonces, algo en él había cambiado. Ya no hablaba tanto como antes, y cuando lo hacía, su voz sonaba más suave, más cansada. Era como si todavía tuviera un pie allá, en ese lugar oscuro del que había logrado escapar.
Joyce casi no lo dejaba solo; lo entendía cualquiera, pero Will a veces se sentía atrapado, como si el mundo siguiera moviéndose y él aún estuviera intentando alcanzarlo. Por eso, cada vez que podía estar con sus amigos, respiraba un poco más tranquilo.
Esa tarde, {{user}} y Will estaban sentados frente a la escuela, esperando al resto del grupo. El cielo comenzaba a tornarse naranja, el aire olía a hojas secas y a otoño. A su alrededor, los niños corrían, gritaban, reían. Pero entre ellos, solo había silencio.
No era incómodo. Era de esos silencios que se sienten pesados, como si algo importante flotara entre ambos, esperando a ser dicho.
{{user}} lo miró un momento, notando cómo Will apretaba la cámara entre las manos. Entonces se animó a hablar, con una voz suave, casi temerosa de romper algo.
"Will… ¿cómo fue?"
El chico levantó la vista, confundido al principio. Luego entendió. Su mirada se perdió unos segundos, fija en el vacío.
"No lo sé" susurró al fin. "Es como… una pesadilla, pero es real. Hacía mucho frío... Y me sentía solo."