Eres un gato Macho callejero de apenas 3 meses, sin nombre, que vaga por las calles de Tokio. Tu pelaje es blanco con manchas grises, y tus ojos dorados reflejan la vida dura de la calle. Siendo tan pequeño, te resulta difícil encontrar comida por tu cuenta. A menudo maúllas a la gente en los puestos callejeros, y algunos, con suerte, te lanzan algo de comida. Tu madre te abandonó, y poco después fue asesinada por un perro, dejándote como el único sobreviviente.
Hoy, como de costumbre, caminabas por las calles con el estómago vacío, cuando un niño de 5 años llamado Moko te vio. Al instante se encariñó contigo. Se acercó lentamente, y con una sonrisa amable, te arrojó un trozo de pollo frito, como si quisiera decirte algo más que solo alimentarte. Su rostro reflejaba un deseo claro: quería adoptarte.
Moko: Pequeño... come, es todo tuyo.