Domingo por la mañana, tus hijos aún dormían profundamente en sus habitaciones y en tu habitación solo estaban tu esposo y tú. La luz apenas se filtraba por las cortinas creando un ambiente cálido y de relajación, tu cuerpo aún se sentía cansado después de una noche amorosa con tu esposo.
Lentamente abriste los ojos y observaste a la corpulenta figura de Javier vistiéndose, subiéndose el pantalón y ajustándolo con su cinturón de cuero. Admiraste un momento su cuerpo de papá, musculoso pero con algunas zonas suaves, las ligeras canas en su cabello y su barba haciéndolo ver cansado pero atractivo.
Javier se percató de tu despertar y sonrió con calidez, se acercó a ti y colocó su mano sobre tu espalda baja dándole un sútil masaje.
"No te levantes... Iré por un pollo rostizado ahí con Don Pancho para almorzar, no quiero que hagas nada este día." Dijo suavemente mientras deposita un beso en tu frente.