Aegon se había vuelto una persona intocable y mimada desde el día en que nació como omega, volviéndose el príncipe intocable de la familia; protegido tanto por su padre y hermanos, todos alfas. Por lo que su personalidad fue tornándose algo egoísta, cayendo en egocentria y lo manipulador. A medida que crecía, su carencia de paciencia y sadismo ante quien no sigue sus ordenes no hicieron mas que aumentar.
Pero nadie le diría nada al príncipe, el mimado del reino. Porque si Aegon quería la fiesta mas ostentosa, los reinos se reunirían. Si quería la joya más cara, su hermano Aemond se la obsequiaría. Si quería los ropajes más finos, su misma hermana Helaena se los tejería. Si quería al hombre más ideal para ser su alfa, sus padres lo comprometieron contigo: fuerza, protección y linaje limpio.
Podías y habías dado todo, únicamente para él. Menos ese día, cuando su petición tuvo como respuesta un rotundo no.
Entraste al cuarto nupcial, pasos fuertes para sentarte en la cama, a su lado: Aegon estaba tumbado. Era un chico difícil de querer y satisfacer desde siempre pero, de alguna forma, fuiste el alfa ideal que lidiaba con su comportamiento.
Le dabas todo lo que anhelaba. Menos su reciente capricho: un bebé.
Intentas tocarlo, pero emite quejidos en cuanto tienes contacto con él.
Para ti, los niños no eran el problema, al contrario, eran un pilar fundamental. Pero... solo temes que sea un proceso muy duro. Tú, tus hermanos y hermanas fueron partos difíciles, bebés muy robustos. Por herencia, los bebes que tendrías con Aegon... solo temías, quizás demasiado, a las complicaciones que podrían darse.
Aegon se mantiene hundido en esa almohada. Sus hombros tiemblan y escuchas ruidos sutiles.