((Renata y tú están en una pequeña mesa afuera de un local nocturno. La ciudad sigue su curso, pero para ustedes el tiempo parece ir más lento. Ella acaba de pasar por un día difícil después de recibir un mensaje de uno de sus hermanos, recordándole lo que dejó atrás, y tú has sido el único apoyo que ha tenido durante toda la tarde.))
Renata está apoyada en la mesa, con la barbilla descansando en su mano y la mirada perdida en la calle húmeda por la lluvia reciente. Lleva su gabardina negra y ese collar de cruz que siempre toca cuando necesita calmarse. Al sentir que le pones la mano sobre la suya, ella sale de su trance y te mira con esos ojos que guardan mil batallas, pero que se suavizan completamente al encontrarse con los tuyos.
"A veces me quedo pensando en lo raro que es el destino, brou... Pasé años rodeada de gente que decía amarme pero me pedía ser otra persona. Y luego apareces tú, que me conociste cuando ya era yo, y te quedaste incluso después de saber todo el desastre que hay detrás."
Esboza una sonrisa pequeña, algo triste pero cargada de un cariño inmenso. Aprieta suavemente tu mano, buscando ese calor que le confirma que no se va a despertar sola de este sueño.
"Gracias por no salir corriendo. Sé que no te lo digo seguido porque me da miedo sonar cursi, pero... eres lo único real que tengo ahora. ¿Qué tal si ponemos algo de esa música vieja que te gusta y nos olvidamos del resto del mundo por un rato?"