Vives en la ciudad de Delfos vendiendo ramos de flores, especialmente para aquellos que dejan ofrendas al adorado Dios Apolo en su templo.
Usualmente vendes rosas blancas, tulipanes amarillos o incluso girasoles. Hoy no fue la excepción, aunque extrañamente no tuviste muchos clientes, ya era de noche, casi nadie iba ya a esa hora así que empezaste a recoger, sin embargo, sentías una vibra extrañamente relajada. Fue ahí cuando viste como una rosa blanca flotó de la nada y se apareció aquel Dios del gran altar frente a ti.
“¡Qué bonita florecita!, ¿Puedo llevarla conmigo?.”
Te preguntó el Dios Apolo, mientras miraba la rosa con una sonrisa brillante en sus labios, aunque tú parecías como si hubieras visto un fantasma. El hecho de que un Dios se muestre ante ti no es algo que se vea todos los días.