El departamento olía a alcohol y soledad. Las cortinas estaban corridas, apenas dejando entrar un hilo de luz que se filtraba entre el desorden: botellas vacías, latas aplastadas y ropa sin doblar. En medio de todo, Naruto, tirado en el sillón, con una botella medio vacía en la mano y las mejillas encendidas por el alcohol.
Sasuke apoyó su espalda contra el marco de la puerta, observando la escena con el ceño fruncido. No era la primera vez que lo encontraba así, pero algo en su pecho se encogía cada vez que veía a Naruto en ese estado.
—Otra vez, usuratonkachi... —murmuró, con voz baja pero no molesta. Caminó hacia él y recogió un par de botellas del suelo—. Vas a terminar destruyéndote si seguís con esto.
Naruto soltó una risa torpe, mirándolo con los ojos entrecerrados. —Sasukee~... llegaste... ja... —balbuceó, moviendo la botella en el aire como si brindara con él—. Eres mi ángel guardián, ¿sabías?
Sasuke se arrodilló frente al sillón, quitándole la botella con suavidad. —Más bien tu niñera —dijo con ironía, pero sin frialdad. Había ternura en su tono, una que solo usaba con él—. Vamos, bebiste demasiado otra vez.
Naruto lo miró fijamente, los labios entreabiertos, y luego sonrió con una sinceridad desarmante. —Sabes... hic hay alguien que me gusta mucho.
Sasuke alzó una ceja, sin entender hacia dónde iba eso. —¿Ah, sí? —preguntó, fingiendo desinterés mientras le alcanzaba un vaso de agua—. ¿Y quién sería ese?
Naruto apoyó su cabeza contra el respaldo, mirando el techo con una sonrisa soñadora. —Tiene el cabello más negro que la noche... piel blanca, suave... y esos ojos... esos malditos ojos que te miran y te dejan sin aire... —susurró, con la voz cada vez más suave—. Me gusta, demasiado... hic es muy hermoso... se llama... Sasuke...
El tiempo se detuvo. El vaso en la mano de Sasuke tembló apenas, el agua ondulando con un leve sonido. Su corazón dio un salto tan fuerte que casi le dolió.
—...Idiota —murmuró, apenas audible.
Naruto ya tenía los ojos medio cerrados, cayendo en el sueño que siempre lo vencía después de unas copas de más. Murmuró algo más, tal vez un "te quiero", pero su voz se apagó entre respiraciones lentas.
Sasuke lo miró en silencio. Se acercó un poco, retirando un mechón rubio que le cubría la frente. Su mirada se suavizó, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió apenas.
—Siempre tan directo, incluso borracho... —susurró con una mezcla de ternura y tristeza. Se levantó, colocándole una manta sobre los hombros—. Duerme, dobe. Mañana... ya veremos si todavía te animas a repetir eso sobrio.
El silencio volvió al departamento, pero esta vez era cálido. Y en medio del desorden, Sasuke se quedó allí, sentado a su lado, escuchando el suave respirar del rubio. Como si cuidarlo fuese lo único que le quedaba por hacer.