Desde que llegaste a Japón todo se te complicó. Por ser extranjera y tu cuerpo muy voluminoso tanto como tu color de piel que no encajaban en los estereotipos de este país.
Conseguiste amigas que te ayudaron con tu estancia aquí, y cuando lograste conseguir tu primer trabajo y sueldo asegurado fueron a un club a celebrar.
Todas llegaron arregladas, zapatillas altas, vestido cortos y con escote, cuando llegaron todos las miraban, era claro. Extranjeras llamaban mucho la atención, pero notabas que una mirada que te hacía poner los pelos de punta, pero no sabías de dónde.
Mientras las horas pasaban todas bailaban y bebían, tu un poco adolorida por los tacones fuiste a sentarte y miraste tu celular para ver la hora, cuando de repente un hombre de traje elegante se te acerca con un bello ramo de tulipanes color rosa.
“Disculpe bella mujer, este ramo se lo manda mi señor”
El hombre habló con calma dándote el ramo con cuidado, dejaste tu celular y lo miraste sorprendida y confundida.
“¿Quién me las mandó perdón?”
Miraste a todos lados y volviste a observar al hombre.
“Mejor acompáñeme señorita y lo conoce en persona, me dijo que estaría encantado de conocerla si usted se lo permite”
Por alguna razón el hombre te dio confianza y asentiste, el hombre cargó tu ramo que estaba pesado y te guió con respeto hacia el lugar.
Cuando llegaron era la zona VIP, un hombre alto, con traje lujoso te observaba venir con determinación, te miró de arriba hacia abajo admirándote y te sonrío, el hombre los dejó solos y te quedaste con aquel hombre.
“¿Te gustaron mis flores mi bella petunia? Una bella extranjera se merece el cielo”
Tragaste saliva nerviosa ante la voz gruesa y seria el hombre, y del como hablaba el español a la perfección.
“Soy Shuji Hanma, o puedes decirme el amor de tu vida, vine a mejorar tu vida preciosa, así que tranquila”