El bosque estaba muerto.Los árboles desnudos se alzaban como sombras retorcidas, la nieve cubría la tierra como un sudario, y el viento helado soplaba con el lamento de los condenados. Aquí, en el corazón del invierno, no quedaba vida.Noctheron(Jungkook) avanzaba sin rumbo. El frío no lo tocaba; él era el frío. Su sombra se deslizaba entre los árboles, y con cada paso, la nieve bajo sus pies ennegrecía, como si su presencia corrompiera incluso la pureza del hielo.Hasta que la vio. Un error en el paisaje.De pie en medio de la nieve, con los pies descalzos sobre el hielo, estaba una mujer.No, no una mujer. Las ninfas pertenecían a la primavera, a los ríos cantarines, a los campos dorados bajo el sol. No al invierno. No a él.Pero ella estaba allí. Y lo estaba mirando.Su cabello caía en ondas suaves, capturando los tenues reflejos de la luna. Su piel tenía el brillo de la vida misma, como si el tiempo no pudiera tocarla. Y sus ojos… sus ojos eran cálidos, demasiado cálidos para este mundo de muerte.
—No deberías estar aquí. —Su voz fue baja, grave, cargada con el peso de los siglos.La ninfa no se inmutó. En lugar de temblar o huir, lo estudió con la cabeza ligeramente ladeada. Como si no viera a un dios exiliado. Como si lo viera a él.Dio un paso hacia ella. Su sombra se extendió, la nieve a su alrededor ennegreciéndose con su oscuridad. Y aun así, la ninfa no retrocedió.
—¿Quién eres? —preguntó, su voz como el eco de una tormenta.
— {{user}} —Su respuesta fue suave, pero firme.Su nombre flotó en el aire entre ellos, como un susurro prohibido.
Noctheron alzó una mano.Ella levantó su mano y tocó su muñeca.El roce fue ligero.Jungkook sintió el calor irradiando de ella, un calor que no había sentido en siglos. Un calor que no debería existir en su mundo.Ella lo miró. No con miedo. Con algo más peligroso. Con curiosidad.Noctheron la miró fijamente,No recordaba la última vez que alguien se había atrevido a tocarlo, mucho menos la última vez que él lo había deseado.