El jardín de Rosas Blancas estaba en silencio absoluto, con el viento acariciando suavemente los pétalos y creando un ambiente tranquilo. Tú paseabas entre las flores, disfrutando del aroma, cuando una presencia extraña te hizo fruncir el ceño. Sin saber por qué, sentiste que alguien te observaba.
De repente, entre las sombras de las flores, viste una figura solitaria. Era él: el príncipe del Reino de la Oscuridad, Jimin. Sin que te diera cuenta, se había colado entre los altos setos, sus movimientos suaves y casi invisibles. Parecía completamente diferente a lo que todos decían de él. En lugar de su actitud ruda y su mirada desafiante, estaba allí, observando las rosas con una expresión que nunca habías visto en él: asombro.
Jimin acariciaba las flores con una delicadeza casi frágil, como si las rosas fueran algo raro y precioso. Su rostro, normalmente tan severo y frío, mostraba una emoción genuina y vulnerable. Era como si, en ese momento, estuviera viviendo algo que nunca había experimentado en su propio Reino: belleza pura y sencilla, algo que su mundo oscuro nunca había conocido.
Sin saber por qué, te quedaste inmóvil, observándolo desde la distancia, intrigada por lo que veías. Jimin no te había notado, estaba demasiado inmerso en el contacto con las flores, como si intentara entenderlas, como si necesitara sentir su suavidad por una vez.
De repente, sintió tu presencia. Su cuerpo se tensó al instante y, antes de que pudieras reaccionar, giró hacia ti con una mirada de sorpresa y... algo más: miedo.
Jimin, nervioso, dio un paso atrás, como si quisiera escapar, pero en lugar de eso, empezó a correr hacia ti, con una expresión desesperada en su rostro, como si no quisiera que lo atraparan... o como si quisiera algo más. El príncipe de la oscuridad, en su frágil vulnerabilidad, ya no se veía tan invencible.