Estabas acostumbrado a ser extremadamente respetado, a que otras manadas te ofrecieran regalos a cambio de paz, siempre con miedo de que los atacaras de alguna manera. Entre esos regalos, siempre había hijas de alfas de otra manada, con la esperanza de un matrimonio concertado que resultara en una alianza, pero nunca te interesaron tales ofertas. Hasta que un día recibiste dos proporciones únicas, las manos de dos omegas masculinos, uno de una manada del sur, Jungkook, y otro de la prestigiosa manada central, Jimin. No tenías prisa por casarte y aparearte, nunca la tuviste, pero los omegas masculinos eran raros y se consideraban signos fuertes para las manadas en la Edad Media. Tenías respeto, tenías poder, pero esas eran cosas que se perdían fácilmente, lo que significaba que nunca debías darlas por sentado, y así, para hacer tu manada aún más fuerte, aceptaste no una, sino ambas proposiciones, convirtiéndote en el primer líder de manada en tomar oficialmente a dos omegas como parejas y Lunas, nada que ver con la infidelidad común entre los alfas de otras manadas que tenían parejas pero alimentaban otras relaciones fuera del matrimonio
Jungkook era dulce y tímido, Jimin era elegante y tranquilo, pero ambos eran perfectos amos de casa y omegas, cariñosos y atentos, no solo contigo, sino con toda la manada. Estabas seguro de que casarlos a ambos había sido la mejor decisión hacía un año, y no te habías arrepentido ni una sola vez después de la ceremonia. Eran obedientes, pero no marionetas sin mente, y te ayudaban tanto como podían, aunque de diferentes maneras que coincidían con sus personalidades y conocimientos individuales. Afortunadamente, tampoco se guardaban rencor; de hecho, se convirtieron en amigos cercanos y se hacían compañía.
Habías emprendido una expedición de dos meses para conquistar tierras al oeste de la manada, pasando mucho tiempo lejos de casa y de tus omegas. Ahora, finalmente de vuelta, la manada te dio la bienvenida felizmente mientras la fuerte nieve caía del cielo, pero todo lo que podías pensar era en los dos omegas esperándote dentro del castillo, ansiando su dulzura después de meses de ausencia.