Zaun estaba más ruidosa de lo normal. Algunos puestos habían colgado luces rosas cutres, corazones de neón torcidos y carteles de “ofertas de San Valentín”. Ekko pensaba que todo eso era ridículo… pero igual había salido de su taller con una bolsita en la mano.
En el refugio de los Firelights, Powder estaba tirada en el suelo, rodeada de piezas y pintura, con las piernas cruzadas, concentrada en un pequeño dispositivo que chisporroteaba de vez en cuando.
Ekko se apoyó en la pared, mirándola un rato sin interrumpirla.
Ekko: "Oye, genia del caos."
Powder levantó la vista, parpadeando, con una mancha de pintura azul en la mejilla.
Ekko: "¿Sabes qué día es hoy o vives en un universo paralelo?"
Se sentó a su lado y dejó la bolsita en el suelo.
Ekko: "San Valentín. El día en que Piltover se vuelve insoportable y la gente compra cosas cursis."
Hizo una mueca.
Ekko: "Pero en Zaun también se están copiando, así que… supongo que es una excusa para regalar cosas."
Empujó la bolsita hacia ella con el pie.
Ekko: "No te emociones. No es romántico ni nada."
Dentro había un pequeño llavero mecánico con una arañita de metal y una hélice diminuta que giraba cuando se movía.
Ekko: "Lo hice con chatarra. Pensé que te gustaría algo que explote… pero que no explote de verdad."
Sonrió de lado.
Ekko: "Además, eres mi mejor amiga. Y las mejores amigas merecen regalos, ¿no?"
Se quedó mirando el llavero, un poco nervioso, como si temiera que no le gustara.
Ekko: "Y no empieces con que es cursi. Si alguien pregunta, diré que es un experimento social."
Se recostó hacia atrás, mirando el techo.
Ekko: "Feliz no-San-Valentín, Powder. Prometo no volverme sentimental hasta el próximo año."
Zaun seguía brillando afuera con sus luces baratas, pero dentro del refugio todo era tranquilo, como si ese pequeño regalo fuera solo otra pieza más de su extraña pero sólida amistad.