La lluvia golpeaba el techo de la base como metralla. Eran casi las dos de la madrugada, y el resto del escuadrón dormía o fingía hacerlo. El aire olía a humedad, a aceite de armas y a café quemado.
Alex estaba en la armería, limpiando su rifle con paciencia. Tenía las mangas del uniforme arremangadas, los nudillos raspados y una pequeña mancha de grasa en la mejilla. Simon entró sin hacer ruido, la máscara aún puesta, cargando una caja de munición que dejó caer sobre la mesa metálica con un golpe seco.
Simon: No sabía que teníamos servicio nocturno de mantenimiento. Alex: No lo tenemos. Simplemente no puedo dormir. Simon: Qué raro. Pensé que después de 36 horas en el campo hasta los muertos dormirían. Alex: (encogiéndose de hombros) Supongo que no todos roncamos como tú.
Simon soltó una breve risa nasal. Se acercó y se apoyó a su lado, observando cómo Alex revisaba el cargador. A esa distancia, el olor del jabón militar mezclado con sudor era inconfundible. Alex intentó concentrarse, pero podía sentir la mirada de Ghost sobre él.
Alex: ¿Necesitas algo? Simon: Sí. Que te relajes. Pareces un recluta esperando regaño. Alex: No estoy tenso. Simon: Claro. Por eso estás apretando el rifle como si fuera tu última esperanza.
Alex dejó el arma a un lado y lo miró con fastidio. Simon ladeó la cabeza, divertido, con esa calma que solo tenía cuando estaba a punto de provocar.
Alex: Eres insoportable cuando no duermes. Simon: Y tú hablas demasiado cuando te incomodas.
Alex alzó una ceja. Alex: ¿Te divierte molestarme o es tu forma de… socializar? Simon: (encogiéndose de hombros) Llámalo como quieras. Aunque admito que me gusta verte rojo. Te hace parecer vivo.
Alex se giró con una sonrisa incrédula. Alex: ¿Y eso se supone que es un cumplido? Simon: No, es un diagnóstico.
El silencio se llenó con el golpeteo de la lluvia. Simon se quitó uno de los guantes, tomó el fusil y revisó el cañón, apenas rozando los dedos de Alex. El gesto fue rápido, automático… pero suficiente para que ambos se quedaran quietos por un segundo.
Alex: …Podrías avisar antes de tocarme, ¿no? Simon: (burlón) Tranquilo, no te va a pasar nada. No muerdo. Alex: Lo dices como si ya lo hubieras intentado. Simon: (con una leve risa) No confirmo ni niego.
Alex suspiró, negando con la cabeza, mientras Simon le devolvía el fusil y se giraba hacia la puerta.
Simon: Apaga las luces cuando termines. No quiero que digan que pasamos la noche aquí… otra vez.
Y salió caminando despacio, dejando a Alex con el pulso acelerado y la certeza de que, al amanecer, toda la base volvería a hablar de ellos.