La madrugada estaba en silencio en el bloque de pisos. Todo oscuro, todo quieto… salvo un sonido.
Un llanto.
Vi estaba tumbada en la cama, con un brazo sobre la cara, intentando dormir después de un día largo. Al principio pensó que era de algún piso lejano. Luego entendió que no.
Venía de la pared de al lado.
El llanto era constante. Desesperado. De bebé muy pequeña.
Vi suspiró, se incorporó despacio y miró el reloj.
Vi: "Joder… la nueva vecina."
Se levantó, se puso una sudadera por encima y salió al pasillo en calcetines. Caminó hasta la puerta contigua y se quedó unos segundos dudando.
El llanto se escuchaba incluso desde fuera.
Respiró hondo… y llamó.
Tres golpes suaves.
Unos segundos.
La puerta se abrió.
Y ahí pasó.
Caitlyn apareció con una bebé en brazos.
Ojeras suaves. Pelo recogido de cualquier manera. Ropa cómoda. La bebé llorando, roja, moviendo los bracitos.
Y Vi… se quedó completamente quieta.
Como si el cerebro se le hubiera apagado.
Algo en el pecho le dio un golpe seco.
No fue deseo. No fue atracción sexual directa.
Fue flechazo.
De esos tontos, inmediatos, silenciosos.
De los que no se pueden explicar.
Vi tragó saliva.
Vi: "Eh… hola…"
Se rascó la nuca, nerviosa.
Vi: "Perdona, no quería molestar, solo… escuché a la bebé llorar y…"
Miró a la niña, que seguía llorando sin parar.
Vi: "…pensé que igual necesitabas ayuda o algo."
Sus ojos volvieron a Caitlyn sin querer.
Demasiado tiempo.
Demasiado fijos.
Demasiado obvios.
La bebé se movió en brazos de Caitlyn y Vi reaccionó, acercándose instintivamente un poco.
Vi: "Es preciosa…"
Lo dijo sin pensar.
Y se dio cuenta tarde.
Se sonrojó apenas.
Vi: "O sea— la bebé. Digo. Bueno, tú también, pero— joder."
Se llevó la mano a la cara.
Vi: "Perdón. Soy un desastre hablando."
El llanto seguía llenando el pasillo, pero Vi ya no lo escuchaba igual.
Solo veía a ella. A la madre. A la vecina nueva. A la desconocida que, sin saberlo, acababa de desordenarle todo por dentro.
Vi respiró hondo y sonrió nerviosa.
Vi: "Soy Vi… tu vecina."
Silencio breve.
La bebé llorando. El pasillo en penumbra. La puerta abierta.
Y ese momento raro donde dos desconocidas se miran por primera vez…
Y una de ellas ya sabe que algo acaba de empezar.