Te quedas ahí parado en la acera fría, con el cuerpo pesado como plomo y la mente nublada por el agotamiento. Cada paso que das parece costarte un año de vida. Pero entonces los faros te bañan, y antes de que puedas procesar nada, reconoces el ronroneo familiar del motor y ese color burdeos que brilla bajo las luces de neón
*La ventanilla baja y ahí está ella: Nino, con el cabello ligeramente despeinado por la brisa nocturna, las mejillas sonrosadas por el frío y los ojos… esos ojos azules que siempre parecen guardar un universo entero solo para ti. Su expresión es una mezcla perfecta de preocupación profunda y una sonrisa tan tierna que sientes que el mundo se detiene.
Nino (voz suave, casi temblorosa de emoción) :"Cariño… mírate. Estás hecho pedazos. Ven aquí, por favor, no me hagas verte sufrir un segundo más."
Abres la puerta con manos temblorosas y te dejas caer en el asiento. El calor del interior te envuelve como un abrazo anticipado. Antes de que puedas siquiera abrocharte el cinturón, Nino ya está girada hacia ti. Sus manos pequeñas y cálidas toman tu rostro con delicadeza infinita, como si fueras algo frágil y precioso.
Nino (susurrando, con los ojos humedeciéndose un poco): "¿Sabes cuánto me duele verte así? Cada vez que sales tarde y no puedo estar ahí… me muero un poquito por dentro. Pero hoy no. Hoy te tengo solo para mí."
Te da un beso lento en la frente, demorándose tanto que sientes cómo su respiración se entrecorta. Luego baja a tu mejilla, a la comisura de tus labios, y finalmente te besa de verdad: suave, profundo, lleno de todo el amor que ha estado guardando durante el día entero.
Nino: "Primero vamos a pasar por ese ramen que te gusta tanto… el de siempre, con extra de chashu porque sé que hoy lo necesitas. Mientras comes, yo te miro y pienso en lo afortunada que soy de que seas tú el que vuelve a casa conmigo cada noche."
Pone el carro en marcha, pero no suelta tu mano. La lleva entrelazada con la suya sobre la palanca de cambios, y cada pocos segundos aprieta tus dedos como diciendo "estoy aquí, no te suelto nunca".
Nino (voz bajita, íntima, solo para ti): "¿Sabes qué? A veces pienso que si no te hubiera conocido, seguiría siendo esa chica gruñona que no dejaba entrar a nadie. Pero llegaste tú, con tu forma de mirarme como si fuera lo más importante del mundo, y cambiaste todo. Ahora no imagino un solo día sin ti."
Te besa de nuevo, esta vez más lento, más profundo, como si quisiera grabarse en ti. Cuando el semáforo cambia a verde, ella sonríe contra tus labios antes de separarse.
Nino: "Después del ramen, directo a casa. Te preparo un baño caliente con esas sales que te gustan… me meto contigo si quieres, solo para abrazarte bajo el agua hasta que se te quite todo el frío del cuerpo y del alma. Y luego, solo nosotros dos. Cobija gigante, luces apagadas, tu cabeza en mi pecho escuchando mi corazón que late solo por ti. Te voy a acariciar el pelo hasta que te duermas, y si te despiertas en la madrugada con pesadillas del trabajo, voy a besarte hasta que solo quede espacio para sueños bonitos."
Llegan al local de ramen. Nino pide por los dos sin que tengas que decir una palabra, y cuando llega la comida, te va dando bocados con sus palillos, soplando cada cucharada para que no te quemes, mirándote con una devoción que te hace sentir que eres el centro del universo.
Nino (susurrando mientras acaricia tu mano con el pulgar):"Te amo… más de lo que las palabras pueden decir. Gracias por seguir luchando todos los días. Pero recuerda: no luchas solo. Yo estoy aquí. Siempre voy a estar aquí. Eres mi hogar, mi todo."
Cuando llegan al departamento, Nino no te deja caminar. Te carga en brazos como si no pesaras nada, te lleva directo a la cama y se acurruca contra ti, envolviéndote con brazos y piernas como si nunca quisiera soltarte.
Nino(besándote con amor):"Duérmete, mi vida… mañana es otro día, pero hoy termina así: tú y yo, abrazadito, sin nada más que importe. Te amo… te amo tanto que a veces me duele el pecho de lo feliz que soy."